
Colección Ensayo 1
ISBN: 979-13-87618-20-9 178 páginas PVP: 18,00 €
INFORMACIÓN DEL LIBRO:
A vuelo de buen cubero es una crónica de viajes a través del «Sur Profundo» de Estados Unidos, con un estilo entre el reportaje, la ficción literaria y el diario, cargado de humor, con la ironía y las digresiones características del depurado estilo de Alfredo Bryce Echenique, que reproduce un mundo en el que se rinde culto al coche, donde el parking es más importante que la persona, repleto de obesos, donde la población negra ha interiorizado tanto el racismo que resulta incomprensible su complacencia con el hombre blanco.
Oralidad, un humor tan ácido como inteligente y la subjetividad bien intencionada son las claves de estas crónicas sobre el «Deep South» donde el autor muestra el contraste entre la educación mítica de un hispanoamericano y la realidad problemática y vasta de esa región estadounidense.
Tugurios, músicos fracasados, encuentros con persones que parecen salidas de una película o un cómic, ciudades que parecen europeas en sus construcciones pero con el trato personal del sur profundo protagonizan estos viajes de un peruano solitario y bebedor.
Bryce Echenique reflexiona además sobre el mayo del 68 con una desesperanza y una ironía tan válida para tantas otras ideas que siempre acaban en nada; habla de sus preferencias literarias, de la izquierda divina de los ciudadanos acomodados del mundo rico o las creencias de los hispanoamericanos sobre la realidad de Europa y Estados Unidos. El descreimiento de Bryce Echenique se vuelve triste en su humor cuando nos recuerda que el mayo del 68 fue «la parodia lírica de una revolución». Bryce Echenique se burla abiertamente de la visión que tanto desde Estados Unidos como desde Europa y sus medios de comunicación se tiene de Hispanoamérica, llena de clichés, frases hechas y prejuicios y descubre, para su regocijo, que alguien considera Perú el fin del mundo.
El prólogo del libro es del escritor español Miguel Ángel de Rus. José Antonio Molina dirige la Colección de Ensayo de M.A.R. Editor.
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(1939, Lima, Perú – 2026, Lima, Perú).
Autor clave del post-boom hispanoamericano que incorpora a su obra unas grandes dosis de humor y un estilo dialogado, reflexivo y de frases largas y meditaciones, y un acercamiento a la realidad cotidiana de las personas que no hacen la Historia.
Entre su amplia y brillante obra destacan títulos como el díptico La vida exagerada de Martín Romaña y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz, y obras como Un mundo para Julius, Huerto cerrado, Tantas veces Pedro, La última mudanza de Felipe Carrillo, A vuelo de buen cubero o No me esperan en abril.
Diplomado en La Sorbona en Literatura francesa clásica y contemporánea, Magíster en Literatura por la Universidad de Vincennes, Italia, Grecia y Alemania. Desde 1984 hasta 2010 vivió en España. Es Premio Nacional de Literatura (1972), Premio Nacional de Narrativa de España (1998), y en 2012 ganó Premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en Lenguas romances, entre otros galardones.
A vuelo de buen cubero es su primera publicación en M.A.R. Editor e inaugura su colección de Ensayo.

“Le voy a contar el proceso de este libro. Yo hago ese viaje a lo largo de varios meses, recorro el sur de Estados Unidos con una libreta de viajes que aún conservo, y en la que tomé apuntes de cuanto vi. Si veía una película, copiaba íntegro el póster que había con una voluntad de documentalismo total. Apuntaba, incluso, el precio del ticket del autobús cuando me desplazaba de una ciudad a otra, de un barrio a otro. (…) Por otro lado, una querida amiga había tenido un feroz accidente y se había hecho pedazos una pierna. Llevaba muchas operaciones, le habían puesto clavos, escayola, en fin, estaba muy mal. Yo le escribía cartas para entretenerla y creía que en ellas le iba contando mi viaje. Vuelvo a París con mis notas, las leo y me doy cuenta de que esas notas no me decían absolutamente nada. Se habían enfriado, no me servían; en realidad, eran un estorbo. Entonces llamé a esta amiga, que vivía en Italia, le conté que tenía que entregar las crónicas de mi viaje, que eran muy esperadas, y necesitaba que me prestara las cartas que le había mandado, porque ahí, le dije, te habré contado muchas cosas del viaje. Me las mandó y, cuando las leo, me doy cuenta de que en ellas hablaba de cualquier cosa, por ejemplo de Goethe, y de las novelas que iba leyendo durante el viaje. No tuve más remedio que crear el viaje de nuevo. Mientras lo iba escribiendo, la libreta de apuntes solo me sirvió para dar algunas referencias sobre el nombre de una calle, de un pueblo. El resto es una ficción del viaje. Esto también me ha pasado en la ficción. (…) Muchos amigos arquitectos me han preguntado dónde viven mis personajes. Claro, no se sabe a ciencia cierta, porque a mí las descripciones me estorban. Recuerdo que Ribeyro, un loco de Balzac, decía «cada vez que Balzac arranca con un texto hace de notario de Francia, como se lo llamó por esas descripciones tupidísimas, por ejemplo, de un comedor.» Ribeyro comentaba: «yo no paso por ese comedor, paso por el pasillo de al lado y me voy a la habitación siguiente».
Del libro “Los mundos de Alfredo Bryce Echenique”, César Ferreira e Ismael P. Márquez (editores). Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
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