Pandemonio. Jesús García Sevilla

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Pandemonio
Jesús García Sevilla
Pandemonio. Jesús García Sevilla

Colección de Narrativa Nº 33
ISBN: 978-84-943553-6-3
280 páginas o PVP 19,95 €


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INFORMACIÓN DEL LIBRO:

El descubrimiento azaroso de una fotografía de una calle de Jerusalén desencadenó, tras una contemplación repetida, obsesiva, la escritura de cien crónicas callejeras alrededor de la malsana relación de vecindad entre palestinos y judíos, parientes lejanos mal avenidos, cuyo elemento bíblico desencadenante fue la pasión del odio.


Con personajes variopintos (Yavé/Alá, judíos y árabes de tiempos remotos, judíos y palestinos actuales, algún que otro cristiano, otra gente interesante) la obra quedó en un cajón y trece años después se dejó que el azar de los números primos seleccionara el material quedando reducido a veinticinco episodios, ya que son veinticinco los números primos del primer centenar. El resultado es este Pandemonio, una obra de gran literatura con un marcado tono tragicómico lleno de ironía. A poco de empezar con las crónicas de esa calle de Jerusalén, Alonso Quijano y Sancho irrumpen en la escritura, sin el beneplácito del narrador, para finalmente acompañarle (rememorando con menos poesía lo que Virgilio hiciera con Dante) en su particular Pandemonio. En este contexto, Pandemonio también podría ser una lectura parcial del Quijote.

Otros personajes, judíos y palestinos, se emparejan mientras van desgranando verdades y mentiras sobre el odio, el desamor, el miedo, la guerra santa, la inmolación, el dinero, el transcurrir del tiempo, las señales del hijodios y también las del hijoputa, y sobre otras pasiones humanas. El último episodio, que lleva el número primo noventa y siete, contiene, amén del desenlace final, reflexiones del narrador sobre la extravagante arrogancia que supone el ponerse a escribir historias de ficción.

Pandemonio es una antinovela o metanovela que reflexiona sobre una humanidad y el modo de contar la vida, es divertida y risible y a la vez seria y llorosa, con un pie en la ficción y el otro en la realidad.



El autor: Jesús García Sevilla
Jesús García Sevilla

Médico y Catedrático de Farmacología en la Universidad de las Islas Baleares. Su actividad investigadora en Neurociencia también se ha desarrollado en la Universidad Autónoma de Barcelona, Universidad de Göteborg, Synthélabo Recherche (Francia), Universidad de Michigan (EEUU), Universidad del País Vasco y Universidad de Ginebra (Suiza, 1998-2003). Ha publicado numerosos artículos de investigación básica y clínica. Su interés se centra en los mecanismos neurobiológicos de los trastornos psiquiátricos funcionales. Ha publicado las novelas Los sexos de Mabel y Camino del silencio, antes de estrenarse en M.A.R. Editor con Pandemonio.


Entrevista a Jesús García Sevilla
Me identifico en gran medida con el pensamiento literario de Kundera

Jesús García Sevilla

P.- Tras Los sexos de Mabel y Camino del silencio, dos novelas irreverentes situadas en países tan dispares, ¿dónde surgió la idea de Pandemonio?
R.- Las tres novelas fueron gestadas y escritas, a caballo entre los siglos XX y XXI, en Hermance, un 'lugar pequeño y habitado' en el sentido quijotesco del término, que se encuentra muy cerca de Ginebra. Bueno, ahí se escribió el borrador y la primera versión de Pandemonio que fue finalmente retocada mucho más tarde, durante el verano de 2014, en un pueblo pequeño de montaña, el mío, Valldemossa, en la isla de Mallorca.

P.- ¿De qué trata Pandemonio y cómo se relaciona con las otras novelas?

R.- Pandemonio tiene como excusa hablar del odio y de sus efectos malsanos entre los hijos de Judá y los árabes de antaño, y entre los judíos y los palestinos actuales en el eterno conflicto Israelí-Palestino. Pero, claro, hay mucho más que eso porque mi intención también era, sobre todo, hablar de literatura. Las tres novelas tienen elementos comunes destacando las relaciones de poder entre personas o grupos. Con Pandemonio he podido encuadrar una 'trinidad literaria', trilogía ginebrina la llamo yo ahora, sobre los avatares vitales del homo sapiens en este mundo, escribiendo sobre una mujer que vive y trabaja en Ginebra, sobre un hombre ya jubilado que malvive con su depresión y muere en México, y sobre una humanidad en este Pandemonio representada por palestinos y judíos que disputan y se matan con muchas ganas y fruición como siempre han hecho los humanos. En Los sexos de Mabel subyacen las relaciones de poder, el tira y afloja, entre la bilbaína Mabel Irigaray y otros personajes de su entorno en los dominios familiar, sexual y laboral. En Camino del silencio se desarrolla un duelo dialéctico a muerte entre el médico mexicano José Santaella y la Trinidad cristina que finaliza en suicidio. En Pandemonio las relaciones de poder entre las parejas Yavé y Alá, Isaac e Ismael, Alonso Quijano y Sancho, Quijano y el narrador, y entre otros muchos personajes emparejados con mejor o peor fortuna son la base de las narraciones que fueron seleccionadas de un centenar por el azar de los números primos.

P.- ¿Se podría decir con sorna que la vida de cada uno de nosotros es simplemente literatura?
R.- Como narrador de Pandemonio y compañero de viaje de Alonso Quijano quiero responderle con un rotundo: "¡Muy cierto, Quijano!" Me gusta la definición que da Milan Kundera de la literatura y de la novela, en particular, como arte: "La novela es una meditación sobre la existencia vista a través de personajes imaginarios". Como usted sabe Kundera, además de seguir siendo un excelente escritor ya octogenario, ha sido un fino comentarista del Quijote. Yo mismo me identifico en gran medida con el pensamiento literario de Kundera que ha dejado en sus ensayos; de hecho mi Pandemonio lo reconoce con una cita suya sobre la ironía, una de las 69 palabras de su particular diccionario.

P.- ¿Por qué Pandemonio arranca con una fotografía?
R.- Porque somos animales visuales y de paso para ayudar al lector durante el recorrido de la novela. Es una foto de una calle estrecha de Jerusalén donde quedaron fijados, para ser escrutados por el narrador, unos pocos seres humanos: judíos, palestinos y cristianos. A partir de ahí se fueron creando personajes variopintos que van cambiando de nombre y desfilando por la calleja u otros lugares y contando cómo les va la vida, lo que hacen y cómo manifiestan sus odios generales y particulares. La foto sólo es una representación, y mi texto una interpretación, de ese mundo concreto en una calleja insignificante que poco a poco se hace universal. Dejando a un lado el odio, la foto también contiene mucha información extra-fotográfica a la que he intentado sacar partido literario sabiendo, tras haber visitado Jerusalén en tres ocasiones, un mínimo del contexto social y político del conflicto Palestino-Israelí.

P.- ¿Dónde se esconde el odio en el laberinto de nuestras cabezas?
R.- Pues creo que ronda por ahí y que aflora en las partes más nobles del cerebro. Hay estudios de neuroimagen, con resonancia magnética funcional y flujo sanguíneo, que han analizado la activación cerebral tras provocar un sentimiento de odio en seres humanos. Cuando un sujeto mira fotos de una persona odiada se puede cuantificar un aumento de actividad en la corteza cerebral y concretamente en el cortex premotor que podría predisponernos para una acción violenta. Esta zona del cerebro no se activa cuando el sujeto mira fotos de una persona amada, lo cual debería tranquilizarnos. El caso del odio, su correlato neural, está más claro y es como si la activación de las neuronas del cortex premotor nos preparara para el ataque frente a la persona odiada. La mirada del personaje judío que se muestra en la foto de "Pandemonio" va en este sentido.

P.- ¿Qué más hay en Pandemonio y cómo podría resumir la novela?
R.- Pandemonio también es un homenaje a la literatura donde desfilan escritores de mi gusto y sus dramatis personae: principalmente Alonso Quijano y Sancho que enredan con sus comentarios al escritor, todo lo que pueden y más; y además hay otros escritores y sus títeres, y todos ellos están tratados con cariño, admiración y reconocimiento. Por cierto, en el año que corre de 2016 estamos conmemorando, me temo que por puro marketing, el cuarto centenario de la muerte de Cervantes, ¡vaya ocurrencia eso de celebrar su muerte! Por fortuna, este año también celebramos el centenario del nacimiento de Camilo José Cela, y en Pandemonio, de forma casual, se comenta una de sus novelas Mazurca para dos muertos que muchos críticos consideran una obra menor, pero que a mí siempre me ha hecho sonreír porque define con precisión las nueve señales que porta un verdadero hijoputa. En Pandemonio hay mucho hijoputa suelto y por esta razón se va en busca de la escondida décima señal de ese malnacido que acaba apareciendo en el sitio más insospechado. Hace poco, un impertinente quiso que le resumiera con un pitch lo esencial de Pandemonio, ya sabe usted de qué se trata, me dijo, esa frase narrativa con mero interés comercial que tanto gusta a los agentes literarios y editores anglosajones. Yo le contesté que la palabra "Pandemonio", este cultismo inventado por el poeta Milton, ya era el mejor resumen de todos los posibles. Pero ahora se me ocurre que otro pitch, gracioso y parodiando a don Camilo, podría ser "Pasodoble para 60.000 muertos", que es la suma de difuntos del conflicto de marras que la ONU reseña desde la creación del Estado de Israel en 1948, pero que sin duda son muchos más si arrancamos la cuestión de este odio bíblico a muerte desde el patriarca Abraham/Ibrahim. Mazurca es una melodía para bailar en parejas y queda bien para dos muertos; aquí pasodoble queda mejor como pitch, tan marcial y a lo grande para el desfile al paso rápido de tantos y tantos muertos inútiles. Ya sé que decir todo esto es políticamente incorrecto, muy incorrecto, quizá ofensivo para muchos. ¡Vamos hombre!, no ponga esa cara. Le doy otro pitch para mis 280 páginas y los bienpensantes modositos: "Dos pueblos perdedores y derrotados por el odio". La cosa tiene menos de 140 caracteres y es ideal para un jodido tuit para enviar a los amigos.

P.- ¿De qué lado está el novelista en la espinosa cuestión de esta crisis interminable?
R.- No soy ni quiero ser un escritor engagé, comprometido al estilo intelectual galo. No quiero defender causas religiosas, sociales, políticas o simplemente éticas en este mundo. Soy un mero espectador de la vida, comprometido sólo conmigo mismo. Para mí la literatura es una forma de conciencia personal y con eso ya tengo bastante. En mi Pandemonio no hay vencederos ni vencidos. El único perdedor es el narrador-protagonista que es derrotado por haberse metido en camisa de once varas adoptando como hijo literario este envenenado caso Palestino-Israelí. En "Pandemonio" la que triunfa de verdad es la literatura. Personalmente y con toda sinceridad ya estoy harto de este conflicto callejero entre hermanastros, y para mi tranquilidad decidí sublimarlo en literatura autorreflexiva y autorreferencial. Comparto la idea de que la misión del escritor no es ofrecer soluciones, sino plantear problemas para activar la conciencia del lector en la toma de sus propias decisiones. En todo caso el escritor también debe preguntarse qué cosa ha intentado hacer para sí mismo, como persona, con la escritura de un texto, cualquiera que éste sea. En mi caso, con este "Pandemonio", confieso que no lo sé, quizá sólo haya querido divertirme y de paso reflexionar sobre los modos de hacer literatura. "Pandemonio" es una metaficción, una metanovela.

P.- ¿Tampoco se siente responsable de los personajes creados?
R.- No me siento responsable ni de ellos ni de lo que dicen. Ya se sabe, una vez publicada la novela tus personajes ya no te pertenecen, son de todo el mundo y son ellos mismos los que deben rendir cuentas a los lectores, y como ya dijera Samuel Beckett, preguntado acerca de sus propios títeres: "ya no sé quienes son, quizá os deban explicaciones, que se espabilen, sin mi".

P.- Una última pregunta. ¿Aceptaría usted algunas críticas formales, estéticas y puramente literarias?
R.- Acepto de entrada todas las críticas que quiera lanzarme porque ya conozco, como sé que usted también conoce, todos los puntos flojos de este Pandemonio y de las otras dos novelas. Tenga en cuenta, sin embargo, que mi misión como escritor-artista sólo ha sido la de contar historias, con mejor o peor acierto literario-estético, y no la de explicar los obscuros significados de mis novelas en forma de ensayo. Mis textos están ahí y se crearon para lectores insatisfechos y atrevidos, como yo mismo, que son los que en última instancia han de valorarlos.



 

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