
Colección NARRATIVA nº 179
ISBN: 979-13-87618-22-3 158 páginas PVP: 17 €
INFORMACIÓN DEL LIBRO:
Estamos ante una novela formada por cuentos que tratan cinco temas que nos son comunes a todos; la familia, la identidad, la introspección, el consuelo y la esperanza. Desde la experiencia escolar y el crecimiento al duelo, pasando por la percepción cambiante del mundo y la imaginación como mecanismo protector.
En Peregrino nos encontramos con nuestra cotidianeidad olvidada y los recuerdos del pasado, la soledad, la percepción del miedo y nuestras meditaciones sobre el paso del tiempo y el paso del pasado, la soledad y el destino.
Tres tramas argumentales se entrecruzan y enriquecen: La relación con los padres y su impacto en la identidad del personaje; el anhelo de libertad y la lucha del protagonista para escapar de su vida actual; y la búsqueda de sentido a nuestra vida y la aceptación de la realidad cotidiana. Compartimos la lucha interna de los protagonistas entre el deseo de libertad y las responsabilidades, el abandono de las preguntas básicas del ser humano, el modo en que las relaciones de los padres nos marcan.
Es un recorrido desde la infancia a la madurez marcado por el deseo del protagonista de escapar de su vida actual y convertirse en un peregrino, recorriendo caminos y dejando atrás sus posesiones y responsabilidades. Este anhelo de libertad se enfrenta constantemente a las ataduras emocionales, materiales y sociales que lo mantienen en su lugar. La figura del peregrino y el ermitaño se convierten en símbolos de paz y sabiduría, pero también de una vida que parece inalcanzable para el protagonista.
.

(Madrid, 1968).
Estudia en la Escuela de Letras de Madrid: Es autor del libro Otro nombre, otra puerta (2014), traducido y publicado en Rumanía (Altnume, altă ușă, 2015). Prestigiosas revistas culturales rumanas como Alecart y Dilemateca se han hecho eco de sus publicaciones.
Ha colaborado con un texto teatral en la antología Las fronteras son quimeras (2022). Su novela Ahora que no estás (2015) afianzó una interesante y acertada trayectoria literaria, continuada con Los bolsillos del corazón (2016), un libro inspirador y vital, Charcos en la hierba (2019), novela narrada con precisión y esmerado acierto, y Nocturnos para Seymour (2023), diálogo interno con el niño interior que nos rescata en los momentos más dolorosos de la vida. Yo, dios (2026), un texto revelador, es su primera obra de teatro tras colaborar en varias antologías de este género. Considerado como un autor sugerente y directo que sorprende en sus planteamientos, su narrativa seduce desde las primeras líneas. En este sentido, Peregrino, su primera publicación en M.A.R. Editor, muestra una narrativa fascinante y enriquecedora que embelesa al lector.

Pregunta.- ¿Peregrino es una novela que puede leerse además como un libro de cuentos?
R.- Sí, desde luego. El proyecto comenzó a gestarse a partir de dos relatos narrados por niños, de hecho. La voz de los narradores y sus relatos sugerían una profundidad mayor y pronto se englobaron en una idea más amplia bajo el título provisional Estudios en Em (Mi menor). Esta tonalidad, quizá la más sencilla en guitarra, expresa calidez, melancolía, emociones intensas… las melodías en esta tonalidad mueven a la reflexión y a la intimidad, a la nostalgia y a sensaciones entrañables, y aquellos relatos en primera persona, protagonizados por una niña y un niño respectivamente, hablaban de una vida interior profunda y de dos visiones: la femenina y la masculina, que forman parte de cada uno de nosotros, tanto interiormente como en nuestras relaciones con el sexo opuesto. Supongo que en ese momento encontré el tono de escritura y la perspectiva visual y creativa de Peregrino, que incorpora esas y otras sensaciones en los distintos ámbitos de la vida y en las diferentes épocas que atravesamos con el tiempo en tanto maduramos y envejecemos. Esto son los relatos, que van llevando el uno al otro y construyen la novela: la visión de la vida que no se presenta aséptica ni limpia de impurezas sino que, afectada ella misma por las vivencias familiares y sociales, por los demás y el mundo de fuera, va moldeándonos con experiencias desde muy temprana edad y esculpiendo nuestro complejo mundo interior. Nuestra narrativa interna es una novela construida con relatos, igual podemos considerar exclusivamente un relato como podemos considerar la novela completa. Peregrino es esta novela, que puede leerse como un libro de relatos y que enriquece en su conjunto.
P.- 5 grandes líneas marcan las aventuras de nuestros protagonistas: la familia como nido en el que aprender la percepción del mundo, pero también entorno en el que desarrollar la imaginación y la evasión.
R.- Sí, sin duda es el punto de inicio, ella supone nuestras primeras referencias vitales y del mundo (o lo que entonces consideramos como mundo) y es la primera en tallarnos y moldearnos con hábitos, costumbres y miradas. La familia puede suponer hogar, pero también dolor y sufrimiento. Esta ambivalencia es la primera referencia que podemos obtener sobre la vida y la primera paradoja, y tal vez sea la que nos deje una impronta más profunda por la confusión que produce a una edad temprana en la que no se encuentra formada la conciencia enteramente y se carece de recursos emocionales. Miramos al mundo después de ser tallados por la familia e inicialmente lo hacemos desde la mirada de la familia. Ahora bien, la imaginación y la creatividad son claves en nuestra formación, en primer lugar como medio de evasión. Ante la confusión, la incomprensión, la falta de atención, el dolor o el sufrimiento, un niño, incluso un adolescente, se refugia en la evasión, busca o construye esa cabaña en lo alto de un frondoso árbol en medio del espeso bosque. Es inevitable la búsqueda de otros mundos mejores y más propios ante la necesidad de huir y de ser diferente, y ahí es donde comienza a forjarse la imaginación; en la lectura, la composición, la pintura, la escritura, el amor…
P.- ¿Cómo surge la introspección en tus personajes? ¿Se alcanza a comprender el sentido de la vida?
R.- La incomodidad, el rechazo, el disgusto, el dolor, producen inquietud, una inquietud que nos mueve a anhelar algo que consideremos mejor por considerarlo propio. La introspección surge de esta inquietud de cuyo origen no somos necesariamente conscientes al inicio, sin embargo la inquietud sí está en nuestro consciente y se vuelve casi material. Podemos desfogarla en la inestabilidad y con cierta agresividad tanto externa como interna, pero también podemos ser amables con ella. En todo caso, mueve a la introspección, a indagar sobre nosotros y nuestras circunstancias, a remover nuestro interior para tratar de saber dónde se encuentra la avería, si somos así de manera natural o alguien nos ha desarreglado o metido algo dentro, si tenemos arreglo o qué podríamos hacer con nosotros mismos. Quizá no encontremos las respuestas concretas que deseamos, pero también es posible que encontremos el medio por el que encontrar cierta estabilidad y cierta armonía. La introspección es, sin duda, el medio por el cual tenemos una oportunidad de comprendernos y de comprender el mundo. Tampoco se trata de dar sentido y menos a la vida, que carece de él fuera de la supervivencia. La vida es desordenada, imprevisible y contradictoria, es mejor comprenderla que encontrarle un sentido. La comprensión es la que mayor paz interior y armonía nos aporta, la que mejor perspectiva nos da de las cosas y de la vida, y en la que encontramos nuestros mejores recursos para vivirla y para sobrevivirla.
P.- ¿Cómo van viviendo tus protagonistas el paso del tiempo, la soledad, el destino?
R.- Existen diversas voces, como las hay en nuestro interior, en función de la situación y del momento. No reaccionamos de la misma manera según el momento o la circunstancia. La soledad, el paso del tiempo y el destino suelen producir desazón y desasosiego. Los personajes protagonistas responden con la introspección, con una cierta dosis analítica en la que las emociones les recuerdan su humanidad en el sentido de normalizar la afectación por el paso del tiempo y la soledad, otra cosa es lo que hacen con ello después de averiguar la causa de esa soledad, si están a gusto o no en ella y si desean hacer algo para cambiarla. El paso del tiempo es inevitable y solo puede obrarse sobre la manera en que vives cada época y cada momento, tu actitud ante cada edad es tu actitud ante la vida y viceversa. Los protagonistas lo encaran, son conscientes de su tiempo y de su soledad, y aceptan o temen su destino casi a partes iguales.
P.- ¿Puede resultar traumática la percepción de la existencia y el “destino”?
R.- Sí, claramente. A cada cual en su medida, desde luego. Lo interesante, a mi parecer, es lo que se hace con estos tres elementos, con la existencia, con el destino y con nuestra percepción de ellos. Podemos actuar sobre nuestra percepción y sobre nuestra existencia, que es actuar sobre nuestra esencia. La forma de abordar el destino depende del momento en que se hace: si a priori o a posteriori de haberse cumplido éste. Si alguien cree que caerá al mar desde el acantilado, los evitará; si ha caído al mar, pensará en nadar y en cómo salir de él… o se dará por muerto. Ambas cosas resultan traumáticas, pero, a mi parecer, el destino solo es un elemento vacuo. Existe el devenir coherente de la causalidad; nuestros actos, pensamientos y decisiones, unidos a los de los otros, conllevan una concatenación de sucesos que producen un resultado determinado. Puedes llamarlo destino, pero no es tal en realidad, solo existe una tendencia extremadamente sensible a verse alterada. Puede resultar traumática la percepción del destino, desde luego. Ahora bien, qué se hace con esa percepción es lo interesante desde mi punto de vista. De igual manera, me parece de interés lo que hacemos con ello. Ahí es donde se encuentra mi visión de la literatura, no tanto en lo que sucede, en la percepción o en el trauma, sino en lo que hacen con ello los personajes (personas, al fin y al cabo).
P.- Infancia y adolescencia son períodos de aprendizaje, recordados como el paraíso, pero con dolor y pérdidas, ¿Cuál es la influencia de los recuerdos y experiencias en el presente?
R.- Es determinante, quizá porque no es una influencia consciente y porque no se tienen herramientas ni recursos suficientes en esas edades para digerirlos o tratarlos. Uno, digamos, se encuentra indefenso entonces para siquiera ver con claridad esa influencia. Los padres son la primera influencia, sin duda ambivalente, en el sentido de poder ser más o menos agradable o desagradable. Nuestra forma de recordar a nuestros padres se encuentra marcada por el mal o el bien que nos hicieron y, generalmente, el predominante suele ocultar al ocasional. Es decir, el bien oculta el mal en nuestra memoria y el mal oculta el bien. Solo eso es una manera de distorsionar nuestra visión y nuestra experiencia. Con esa distorsión es con la que abordamos las situaciones presentes y afecta a nuestra manera de entender, de comprender, de reaccionar y de actuar ante acontecimientos parecidos, similares o meramente temidos o supuestos. Son períodos de la vida que podrían considerarse fuentes de las que uno bebe continuamente, con mayor o menor conciencia; suponen nuestro primer contacto con el exterior (la escuela, el parque, los primos, los hermanos, la familia, los amigos, el médico, el amor, el desengaño, el dolor…) y con nuestro interior.
P.- ¿Llega un momento en el que es necesario abandonar las preguntas existenciales y las ensoñaciones?
R.- Sí, ha de llegar. No es un momento definitivo y puede producirse en diversas épcas de la vida, pues la ensoñación y las preguntas existenciales son una útil herramienta para conocerse a uno mismo y para abordar sucesos y pensamientos, entre otras cosas, a la par que son un camino para crecer y hacernos mejores. Nuestros padres nos hablaban de tener los pies en la tierra y hacían gran hincapié en ello, lo que significaba ser práctico, tener un trabajo, una familia, una estabilidad material, ser buena persona, puntual, agradecida, mínimamente generosa. Abandonar estas preguntas y ensoñaciones también nos procura un reposo, descansar de la tensión y la ansiedad.
P.- Hay varios narradores en Peregrino. ¿Quiénes son?
R.- La idea subyacente en ellos es la de un narrador masculino que expone su lado femenino. Esto se muestra en dos voces narradoras: una femenina y una masculina. Ambas se disgregan en los distintos narradores de cada relato, cada uno con su perspectiva, sus emociones, su identidad y su contexto. Peregrino construye con estas voces narrativas un hilo narrativo común que aporta una perspectiva vital general de la novela en su desenlace como si uniera cuentas en un collar que encuentra en su broche la razón de ser y el significado vital de su existencia. Una niña sacudida pronto por la muerte y la violencia, un niño que encuentra en su imaginación su primera idea del mundo, otra niña ansía hacerse mayor y se encuentra, en esos primeros pasos, con la crudeza que ello implica; un hombre ingresado en una residencia muestra el trasfondo que conlleva el aislamiento y la necesidad de protección, otro hombre, en el esplendor de la mediana edad, elude encontrarse con la parte de sí que ha cometido un asesinato, una mujer regresa a casa de vuelta de una evasión…
P.- Es esencial la relación con los padres y su impacto en la identidad del personaje. Los humanos tenemos tendencia a ser los jueces más severos de nuestros propios padre. ¿A qué conclusiones llegas?
R.- Es probable que seamos los jueces más severos porque existe una distancia insoslayable entre padres e hijos y nada llega a esclarecerse lo suficiente para unos ni para otros. Es difícil alcanzar una conclusión sin controversia. No nos pondríamos de acuerdo en determinar qué es ser un buen o mal padre y tampoco en qué consiste ser un buen o mal hijo. Los hijos presuponen haber sido buenos y disculpan sus errores o comportamientos atribuyéndolos a la edad, a la inconsciencia o al desconocimiento, en tanto los padres hacen lo propio atribuyéndolo al desconocimiento, las circunstancias o incluso a la forma de ser de los hijos. No obstante, y abandonando la dualidad del bien y el mal, podemos alcanzar algunas conclusiones: por lo general, la distancia entre ambos se debe a una falta de escucha, a una falta de comprensión y una carencia de apoyo mutuos. Es cierto que los hijos carecen de conciencia completa y recursos emocionales en las dos o tres primeras décadas y, por tanto, el mayor peso de responsabilidad recae sobre los padres. Si los padres escuchan, comprenden y apoyan, los hijos estarán más cerca de aprender a hacerlo. Los padres enseñan y los hijos aprenden, primordialmente, y aunque éste sea un camino de doble sentido. Sin estos elementos, existirá un desequilibrio importante en la relación. Si ahora sumas un determinado grado de violencia por parte de los padres hacia los hijos, el impacto en la identidad de éstos se incrementa de manera decisiva. Ahora bien, aun escuchando, comprendiendo y apoyando, nada garantiza una relación paternofilial sin impacto. Esos tres elementos puedan mellar definitivamente en la identidad. Literariamente, las relaciones paternofiliales son un foco interesante de atención y un germen narrativo interesante. Otra conclusión interesante es la aceptación, comprender que no somos nuestros padres ni somos nuestros hijos y aceptar que, finalmente, tampoco podemos cambiar demasiado aquello que fue, pero sí nuestra visión, incluso y sobre todo si se han tenido unos padres severos en exceso o demasiado permisivos. Solo podemos convivir con ello y, lo más fundamental, aprender de ello. Sin caer en la severidad, ni con ellos ni con nosotros mismos.
P.- En tu novela se respira el anhelo de libertad, pero ¿Cuál es la libertad que espera conseguirse, cómo es?
R.- Si podemos definir esa libertad la definiríamos como inalcanzable; no deja de ser un valor utópico. El ser humano no es libre y está preso de sí mismo y de muchas limitaciones y cadenas. Por ejemplo, su pensamiento y su forma de sentir están limitados por su lengua, sus costumbres, sus referencias culturales y sociales, su entorno y su infancia. Pensar libremente no es pensar lo que uno desee y de la manera que desee sino pensar libre de ataduras, prejuicios y limitaciones, lo cual es imposible. La libertad física tampoco es alcanzable. La novela apunta a un punto de libertad más posible que es la de los sueños, la de la imaginación y el anhelo. Imaginemos un mundo en el que todos fuéramos libres, ¿podría materializarse ese mundo en algún caso? La novela enfoca la idea de libertad como anhelo, como un horizonte lejano que contemplar sin alcanzarlo jamás porque es el punto de equilibrio de la existencia y es la manera en que podemos aceptar y aprender nuestra realidad más inmediata. Esa sería la libertad que desea conseguir el narrador, la del equilibrio y la paz interior. Se alcanza la libertad cuando puedes sentarte en un lugar propio a contemplar el atardecer inmerso en una perenne paz interior. La edad, el tiempo, las vivencias, la experiencia y la introspección son necesarios para alcanzar esa libertad. Ese es el viaje incesante del peregrino, descubrir que no tiene que moverse de su lugar sino encontrar el suyo propio desde el que la mirada, ahora sí, encuentra la perspectiva vital adecuada y algo de sabiduría. ¿Acaso no es la única libertad posible?